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Doulas: Un apoyo fundamental

25 de noviembre de 2014
Tania Dueñas
 
Doula Certificada, Consejera en Lactancia Materna, Diplomada en Estimulación Temprana, Miembro Fundador de la Asociación Peruana de Doulas.
 
El vocablo "DOULA", es una palabra que proviene del griego antiguo que identificaba a la esclava o sirviente en una gran casa, y que como tal, entre otras labores ayudaba a la mujer principal de la casa durante su proceso de parto. Otros autores sitúan el origen de esta palabra en el hindi, lengua oficial de la India en la que significa mujer experimentada.
 
El uso contemporáneo del término “doula” es, sin embargo, reciente y poco conocido en los países de habla hispana.  La primera persona que se refirió a la “doula” fue la antropóloga Dana Raphael en su libro “Tender Gift: Breastfeeding” publicado en 1973, para denominar a aquellas mujeres que asistían a las nuevas madres en la lactancia y el cuidado del bebé.  Posteriormente, los doctores Marshall Klaus y John Kennel usaron el término “doula” para referirse a aquellas mujeres que brindan apoyo durante la etapa prenatal, el trabajo de parto y parto, así como también durante el posparto.
 
Actualmente, la palabra DOULA puede definirse como la mujer experimentada al servicio de una gestante para proveerle de la información, soporte, contención y apoyo emocional y físico que necesite, de manera continua, y que puede acompañarla desde el embarazo, durante todo el trabajo de parto (8, 10, 16, 20 horas o el tiempo que dure), el parto, el post parto y el puerperio.  Las doulas acompañan a las mujeres que dan a luz en hospitales, clínicas, en casas de partos o en sus domicilios.
 
Una doula no es personal médico ni sanitario, no toma decisiones médicas, no da consejos médicos y no interfiere con las labores del personal de salud (médicos, obstetras, enfermeras, etc.) u otras personas que atienden directamente el parto (parteras, comadronas, o midwives, como se les denomina en inglés).  Una doula posee los recursos y contactos necesarios para derivar un caso que requiere atención médica y no acompaña un parto sin asistencia médica.
 
Una doula tampoco sustituye la presencia del esposo u otro miembro de la familia.  Su labor consiste en complementar y apoyar a la pareja, al padre u otros familiares o amistades que acompañan el proceso del embarazo y el parto, pero no se pone en su lugar ni asume el rol que les corresponde a estas personas.
 
La doula brinda fundamentalmente apoyo emocional sobre la base de la escucha,  el respeto, la comprensión, el soporte, la flexibilidad y la tolerancia; ofrece su comprensión sin juicios, sin intromisiones, y sin anteponer sus opiniones, reconociendo y respetando las diferencias interculturales y la diversidad.  A partir de ello, la doula informa sobre las distintas opciones y modos de manejo del embarazo, nacimiento y crianza, para ayudar a la madre o la pareja a su reconocimiento con el bebé y a que inicien esa nueva vida de la mejor forma, colaborando para que tomen las decisiones que consideren convenientes sobre la base de una buena y adecuada información.
 
Esta particular naturaleza del trabajo de la doula y el manejo de las emociones de la madre exige condiciones personales muy especiales: la  doula es comprensiva, cariñosa, amable, respetuosa, madura y tolerante a las distintas formas de pensar.  Y, en ese sentido, no cualquiera puede ser una doula.  Del mismo modo, hay parejas con las que puede trabajar y otras con las que es mejor no hacerlo, en cuyo caso ayudará a localizar a otra doula que sea más afín a las necesidades de la mujer.
 
Los beneficios de contar con una doula son muchos:
 
  • Comodidad. Puede acudir a su domicilio al comienzo del parto.
  • Flexibilidad (en el precio y en las opciones para dar a luz).
  • Se rompe el ciclo de miedo-tensión-dolor mediante preparación y apoyo.
  • Presencia constante durante el embarazo y desde el principio del parto hasta pasadas 1 o 2 horas después del mismo.
  • Se reduce en un 50% la probabilidad de cesárea.
  • Aumenta la probabilidad de parto vaginal.
  • Se reduce en un 35% el consumo de analgésicos y medicamentos.
  • Se reduce en un 71% el uso de oxitocina.
  • Menos episiotomías.
  • Se reduce en un 25% la duración del parto.
  • Se reduce en un 40% el uso del fórceps.
  • Se reduce el uso de la extracción con ventosa.
  • Menor riesgo de complicaciones, hospitalización y stress fetal.
  • Menor riesgo de fiebre e infección en la madre.
  • Mayor probabilidad de una lactancia sin problemas.
  • Menor incidencia de la depresión postparto.
  • Menor nivel de ansiedad, lo que favorece una mejor interacción madre-hijo.
  • Aumento de autoestima y seguridad en la madre. Experiencia positiva en el parto para la madre y su pareja.
Aunque en el Perú la aparición de las doulas es un fenómeno reciente, actualmente es posible contar con el apoyo de una de ellas.  Existe una Escuela de Doulas –la única en nuestro medio- creada en el año 2006, donde se inicia y capacita a las mujeres que se sienten con esta vocación de servicio y entrega tan especial, así como la Asociación Peruana de Doulas que agrupa a las doulas certificadas y en formación.
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