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La presencia de la Doula en el Post Parto

15 de diciembre de 2014
La publicidad y las historias del cine y la televisión en estos tiempos se han encargado de trasmitirnos la idea de que la llegada de un bebé es parecida a un cuento de hadas, donde todo es perfecto y reina la calma, alegría y felicidad, los bebés son maravillosos y duermen toda la noche. Sin embargo, los que hemos vivido esta experiencia sabemos que esto es totalmente diferente.
 
Por lo general, cuando un bebé nace, genera la atención de familiares y amigos que se centran en él, procurando destacar las muecas que hace, la forma del rostro, si se parece más a la madre o al padre, etc.  Pero existe alguien tan importante como el recién nacido y ese alguien es la mamá.
 
En primer lugar, debemos entender que posiblemente no hay momento más vulnerable en la vida de la mujer que el tiempo inmediatamente posterior al parto, en la etapa del puerperio.  Ella se encuentra sumamente sensible por la mezcla de emociones, las hormonas haciendo de las suyas con los sentimientos, la felicidad por haber sido madre (da igual si es la primera o la sexta vez) y la extraña sensación del vientre vacío.  A esto se suma el natural agotamiento físico y el cansancio general después del trabajo de parto, así como el dolor que puede estar aún presente en distintas partes del cuerpo en caso de una cesárea. 
 
En esta etapa además a muchas mujeres les invade una sensación de dependencia absoluta con su cría.  Esto puede perturbar a algunas porque no entienden muchas veces lo que les pasa y sienten que son otra persona. Unas encuentran en esta sensación una profunda realización personal, mientras que otras pueden sentirse desconcertadas o perdidas.
 
En ese estado, la madre debe interactuar con muchas personas, desde el personal médico, hasta la familia y amistades.  Todos ellos comentan, opinan y aconsejan sobre lo que tiene que hacer la madre con su cuerpo y con su bebé.  Muchas de estas ideas o consejos pueden ser inclusive contradictorias o estar muy alejadas de lo que siente la madre como aquello que desea para su bebé y su familia.
 
Esta situación puede ser más tensa aún cuando la madre y el bebé ya se encuentran en casa y las personas del entorno intervienen de diferentes formas –con buena intención, desde luego- en los asuntos relacionados a la crianza del bebé, sin considerar este particular estado de la mujer. Si el padre se tiene que ausentar para reanudar su trabajo, la madre debe enfrentar estos momentos por primera vez, sola.
 
No todas las personas son capaces de comprender el mundo impenetrable que se crea entre una madre y su bebé recién nacido, un mundo en el que apenas cabe nadie. Esto puede generar tensiones, muchas veces dentro del seno de la familia.  Las madres a veces, por miedo a parecer desagradecidas, no saben cómo expresar que no necesitan consejos ni mucho menos críticas y que las visitas o llamadas pueden resultar inoportunas.
 
Esto genera una situación de confusión.  La madre se puede sentir juzgada, criticada, o presionada a actuar de una determinada forma. Y entonces tiene temor de expresar sus sentimientos, de herir la susceptibilidad de los que la rodean.  En ese estado, suele ocurrir que la madre no sabe qué hacer e incluso no entiende por qué se siente así.  Y el problema es que no tiene con quién hablarlo con la confianza de ser escuchada, entendida  y respetada.
 
Antiguamente las mujeres se trasmitían unas a otras los conocimientos sobre todo lo referente al recién nacido y formaban una tribu en la que la madre obtenía el soporte emocional y las respuestas a sus dudas e inquietudes.  Pero luego, con el paso del tiempo, hemos llegado a una forma de vida donde la sociedad moderna fue eliminando aquello que era tan nuestro y que tanto nos pertenecía.
Actualmente, existe una figura profesional que retoma los orígenes de todas estas cosas, una mujer que acompaña a otras mujeres a pasar por este proceso y cuyos conocimientos y experiencia se encuentran al alcance de la gran mayoría de las personas. Son las llamadas Doulas. 
 
La Doula escucha, comprende y respeta los deseos y necesidades de la madre, sin juzgar ni mezclar sus propias opiniones.  Le ayuda a descubrir estos deseos y necesidades, a expresarlos y a obtener la comprensión y el apoyo de su pareja para hacerlos respetar por su entorno.  A partir de ello, la presencia de la Doula devuelve a la mujer la seguridad en sí misma, empoderándola en su maternidad.
La Doula atiende la necesidad de la madre recién parida, es quien la escucha con cariño, amor, comprensión, es esa persona empática,  amable y atenta que le da un abrazo cálido y le recuerda que lo que ha hecho es un acto maravillosamente natural, le explica  la mágica revolución hormonal que vive y la lleva a estas montañas rusas de  sensaciones, emociones y sentimientos encontrados, le recuerda, que no debe sentirse culpable puesto que ha hecho algo extraordinario: SER MADRE.  Amor, comprensión, respeto, cuidados, contención y apoyo son las cosas que requiere una madre recién parida.
 
Debemos confiar en que la naturaleza hace las cosas bien.  Recordar que somos mamíferas y seguir nuestro instinto de estar a lado de nuestro bebé recién nacido.  Las mujeres necesitan ser apoyadas y respetadas en ese momento tan especial.  Las Doulas están ahí para hacerlo.
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